El asesino de Saray, condenado a 19 años | SER Las Palmas | Hora 14 Canarias

La Audiencia de Las Palmas ha condenado a 19 años de cárcel por asesinato, sin ningún tipo de atenuante, al estudiante de Informática que hace dos años mató a golpes a su vecina de piso, otra universitaria, después de que esta le recriminara el ruido que hacía con sus videojuegos.

El procesado, Alberto M.P., reconoció durante el juicio la autoría de los hechos, pero intentó alegar que no era dueño de sus actos, porque estaba enajenado por su adicción a los videojuegos, y pidió perdón a los familiares de su víctima, Saray González.

Sin embargo, el Jurado que juzgó el caso no encontró pruebas para concederle ninguna atenuante, sino todo lo contrario: su veredicto dio validez al dictamen de los médicos forenses, que establecía que el acusado sabía lo que hacía al momento de matar a Saray.

En este sentido, el jurado consideró probado que sobre las 16.30 horas del 27 de octubre de 2015, el acusado estaba solo en el piso de la capital grancanaria en el que vivía con sus padres jugando a videojuegos en modo multijugador profiriendo gritos y expresiones de manera alta y en repetidas ocasiones.

Esta circunstancias molestó a la estudiante, que ocupaba el piso superior al del joven desde hacía tres años, quien bajó y le solicitó que cesara de hacer ruido, haciendo el joven caso omiso y continuando con las misma actitud.

Poco tiempo después, y por razones desconocidas, el acusado subió al piso de la chica y tocó a la puerta sin que ésta le abriera la puerta, no quedando acreditado por el jurado que el motivo por el que acudió al piso fuera que la víctima se pusiera unos tacones y comenzara a taconear.

Tras no abrirle la puerta, el acusado fue hasta un local de su familia ubicado en el bajo del inmueble, donde cogió unas tijeras-cizallas de las utilizadas para cortar metal, de unos 40 cm de longitud, regresando con el citado instrumento hasta la puerta del domicilio de la estudiante.

Entonces, éste ocultó las tijeras-cizalla en el lado izquierdo de su cuerpo, sujetándolas con la mano izquierda (pese a ser diestro), llamando al timbre y propinando diversos golpes en la puerta, hasta que la chica le abrió la misma.

En ese instante, el joven golpeó con la herramienta a la víctima, que cayó al suelo inconsciente, aunque continuó golpeándola entre 15 y 20 ocasiones más con la intención de matarla.

Después, el varón regresó a su domicilio, se cambió de ropa y se deshizo de las mismas tirándola en varios contenedores, regresando a su cada sobre las 17.00 horas.

A esta misma hora, el cuerpo aún con vida de la estudiante fue descubierto por su compañera de piso, quien pidió socorro al acusado, fingiendo éste desconocer lo que le había ocurrido a la víctima, que falleció poco después como consecuencia de los golpes.

Por otra parte, el joven entregó un maletín cerrado con candado a un amigo que contenía las tijeras-cizallas y le pidió que se lo guardara.

Finalmente, el jurado acreditó que el acusado confesó el crimen cuando la Policía, que le tenía ya como principal sospechoso, le preguntó por las contradicciones observadas entre el contenido de su llamada de aviso al 112 y su declaración como testigo respecto de la posición de la víctima.

La sentencia condena, además, a Alberto M.P. a indemnizar con 150.000 euros a cada uno de los padres de la fallecida y con otros 100.000 euros a su hermana.