“Las redes sociales nos hacen antisociales”

¿Cómo afecta el abuso de la tecnología a nuestra vida cotidiana? El próximo viernes 11 se estrena en el Teatro Caja Granada la obra Demo, un espectáculo recomendado para un público de a partir de los ocho años que aúna teatro de máscaras, títeres y danza contemporánea con el que la compañía The Nose Theater nos invita a reflexionar sobre la relación familia-tecnología, su adicción y cómo un uso excesivo afecta a las relaciones interpersonales. Al frente de la compañía están Chema Caballero, director de escena, y Ángela Bodega, psicóloga y bailarina profesional.

-¿Cómo surge la idea de plantear una elegía escénica?

-Chema: En un primer momento, nos inspiramos en el trabajo casi paisajístico de Antón Chejov. Este señor tenía la capacidad de retratar a la perfección a la sociedad a través de su teatro. Nosotros queríamos hacer un espectáculo con el que todo el mundo pudiera sentirse identificado y que además lanzara una reflexión potente sobre el momento en que vivimos. Móviles, tablets, ordenadores portátiles, etc., comparten con nosotros nuestra vida personal y laboral para hacernos más eficientes, para distraernos y, en definitiva, para hacer nuestra vida mejor y más cómoda. Sin embargo, no hay más que salir a la calle para ver parejas ensimismadas con sus móviles en vez de consigo mismas, padres que dejan la tablet a sus hijos para mantenerlos entretenidos o conductores distraídos a punto de provocar un accidente. Todas estas situaciones, que son lamentables en realidad, unidas a la poética del espectáculo hacen de nuestra pieza una elegía moderna.

-¿Qué diferencia este espectáculo de los anteriores trabajos de la compañía?

-Angela: Hemos querido ir más allá de nuestras propias capacidades desde el principio. Hace tiempo que la compañía buscaba producir un espectáculo sin texto y esto siempre supuso un reto. Además, quisimos plantear el periodo de ensayos como un laboratorio de investigación del que saldría el grueso del espectáculo. Así mismo, nos parecía un momento excelente para ampliar nuestra formación y la del elenco. Nos pusimos en contacto con los que serían nuestros colaboradores para hacerles partícipes del proyecto. Les propusimos participar de la creación mediante workshops haciendo de estos encuentros una excelente base sobre la que trabajar. De este modo, el equipo artístico ha podido tener de primera mano la supervisión y consejos de profesionales como José Piris, discípulo directo de Marcel Marceau, que se encargó de introducir al elenco al trabajo gestual y con máscara, José Dault de Kulunka Teatro que supervisó el trabajo de interpretación con la máscara expresiva o Sharon Fridman, galardonado con el Max al mejor coreógrafo este mismo año, encargado de supervisar el movimiento y coreografiar el espectáculo.

-O sea, que hay un gran equipo detrás del proyecto.

-A.: En total unas 35 personas que se han volcado desde el principio y donde hay músicos, escenógrafos, ilustradores, técnicos, fotógrafos, figurinistas, intérpretes y hasta una niñera. Para que luego digan que la cultura no genera riqueza o puestos de trabajo (risas).

-¿Qué supone para una compañía como la vuestra abordar un proyecto de estas características?

-C.: Un esfuerzo titánico. Los lectores no pueden imaginarse el trabajo que hay detrás de todo esto hasta que no vean el espectáculo. Pero no es sólo eso, día a día sufrimos la lacra de administraciones deudoras que tardan en pagar más tiempo del que especifica la ley de contratos del sector público. Esto sumado a que Hacienda no entiende de barcos y que las artes escénicas siguen bajo el yugo del IVA Cultural, que continúa al 21% a pesar de lo que algunos intentan hacernos creer, hace que nuestro trabajo se haga muy cuesta arriba. No contamos con subvenciones ni con ayudas de ningún tipo salvo las de nuestro propio esfuerzo y el apoyo incondicional de nuestras familias. Y aquí estamos, dispuestos a seguir nadando contra viento y marea.

-¿Qué van a ver los espectadores que acudan al estreno?

-A.: La historia de una familia que, con la aparición de televisores, ordenadores, teléfonos móviles, videojuegos, e incluso robots, objetos de aparente inocuidad, se ve inmersa en una revolución tecnológica sin precedentes que da lugar a una forma de relacionarse entre ellos cada vez más fría e individualizada. Como con un chispazo, arranca en nuestro espectáculo un carrusel de recuerdos imparable que nos lleva de la emoción de primera cita, a la monotonía de una tarde cualquiera mirando el televisor.

C.: Es una situación fácilmente reconocible por todos, una demostración de cómo la tecnología puede convertirse en el catalizador que provoca la degeneración de las relaciones interpersonales.

-¿Están en contra de la tecnología?

-A.: Para nada. Lo que nos preocupa es el mal uso que le damos y es por eso que no hemos querido posicionarnos. Pero sí que mostramos un retrato, podríamos decir selfie, de nuestra vida cotidiana. Una fotografía de nosotros mismos, al estilo Chejov, para que cada cual asuma su responsabilidad y saque sus propias conclusiones. Y es que paradójicamente las redes sociales nos hacen antisociales.

-¿Qué les diríais a los lectores para que se acerquen al Teatro Caja Granada este viernes?

-C.: Granada tiene la gran suerte de ser cuna de grandes creadores y de compañías de reconocido prestigio con un largo recorrido y más años que Matusalén, pero si quieren ver un espectáculo diferente, arriesgado y fresco somos la mejor compañía para la tarde del viernes.