¿Se puede ser distinto en la vida virtual y real?

Mujer dando 'likes' en su teléfono móvil. En general, las personas son diferentes en la vida virtual y en la real.

Es complicado mantenerse ajeno a las redes sociales. Quién más, quién menos, todas las personas jóvenes viven en ese entorno virtual. De ellos depende la cara que muestran en internet.  

Los adolescentes pasan más tiempo en el mundo virtual y eso favorece más alias, pero no son los únicos que tienen avatares digitales. Hay un montón de gente adulta en redes sociales  como Twitter, donde eso se da. Basta con ver los nombres elegidos como usuarios.

En general, en la vida virtual y en la real somos distintos porque lo virtual no exige poner el cuerpo y eso, junto al anonimato, desinhibe y hace que el compromiso de cada uno respecto a sus dichos cambie, en algunos casos, radicalmente. Para algunas personas puede llegar a ser como un carnaval diario, donde uno elige el disfraz que prefiere”, señala a CuídatePlus José Ramón Ubieto, psicoanalista y profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC).

¿Un mundo feliz?

¿El mundo de felicidad que muestra gran parte de las redes sociales puede crear frustración y tristeza en sus usuarios? “Es una realidad que, como la analógica, tiene también un punto de ficción, en este caso más acusada ya que permite fantasear sin tantos obstáculos, sobre todo en aspectos relacionales (vínculos y sexualidad). La decepción siempre es proporcional al nivel de idealización que uno hace, pero no es necesariamente mayor. Eso sí, hay más malentendidos en la comunicación”, reconoce Ubieto.

Las personas obtienen un nivel global de satisfacción en la vida que deriva de fuentes diversas tales como la familia, la pareja, el trabajo, las relaciones sociales o las aficiones en las que están implicadas. “Cuando un individuo no consigue diversificar sus fuentes de satisfacción o se siente insatisfecha en algunas de ellas, puede recurrir al mundo virtual en un intento de compensar en el mundo virtual lo que no tiene en el mundo real. Recurre, entre algunas cuestiones importantes, a la comparativa del mundo proyectado por sus amigos virtuales, a la cantidad de estos amigos y al número de likes que suelen tener cada una de las publicaciones que realiza”, afirma Elena Sánchez Zaballos, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA).

En las ‘app’ para ligar

En el caso concreto de las aplicaciones de teléfonos inteligentes creadas para ligar, “muchos hombres ponen fotos suyas maqueadas para dar mejor imagen y, por supuesto, evitan los perfiles más problemáticos, en aras del éxito. Al final, estas app sirven para cosas imprevistas inicialmente: hablar, conocerse… y sin necesidad de sexo real”, comenta Ubieto.

La profesora de Psicología cuenta que, en ocasiones, hay personas que ligan más de manera virtual, quizás por la falta de puesta en marcha de habilidades sociales que requiere la forma no virtual.

Hombre viendo en su teléfono móvil una aplicación para ligar.

¿Puede haber detrás un trastorno de la personalidad?

Cuando se actúa de manera distinta en el mundo virtual y real, “en algunos casos, aunque son pocos, puede haber un trastorno, pero habitualmente es una consecuencia de la interacción virtual que desvincula nuestros dichos de lo presencial y, por tanto, del compromiso y la vergüenza”, dice el profesor de la UOC.

Sánchez Zaballos puntualiza que lo fundamental para poder determinar si en la base subyace cualquier tipo de patología de la personalidad es contar con una exhaustiva evaluación y análisis funcional de los diferentes factores que rodean y forman el día a día del individuo. Para ello, existen instrumentos y pruebas objetivas que los profesionales utilizan en el proceso de evaluación y sin las cuales, junto con una evaluación conductual minuciosa, nunca podríamos llegar a un diagnóstico o existencia de patología como el trastorno de la personalidad, detrás de un inadecuado uso o abuso de las redes sociales.

Riesgo de adicción a las redes sociales

Un aspecto de especial importancia es el riesgo de adicción a las redes sociales. La inmediatez en la respuesta y las recompensas, la interactividad y las múltiples ventanas con diferentes actividades (multitask) es uno de los mayores atractivos de las tecnologías de la comunicación y la información (TIC) para los jóvenes en la actualidad. El uso de las TIC, en general, es positivo, siempre que la moderación no brille por su ausencia, subraya la profesora de la UPSA. “Un aspecto fundamental es no dejar de lado el resto de actividades que se encuentran en la base de la formación de la identidad del joven y que son propias de una vida normal (estudiar, hacer deporte, ir al cine, salir con los amigos o relacionarse con la familia). Cuando el aislamiento aparece como consecuencia del abuso de internet, debemos alarmarnos y poner en marcha acciones que eviten la aparición de alguna de las consecuencias de abuso del mismo como ansiedad, baja autoestima y pérdida de control”, advierte esta experta.

Entre los síntomas que indican adicción a las redes sociales se ha destacado como factor de vulnerabilidad la creación de una identidad ficticia. Esta se produce fundamentalmente por la facilidad de anonimato que permiten las redes sociales. Los perfiles de riesgo en la adicción a las redes sociales no difieren en gran medida de los rasgos fundamentales que presentan las personas para otro tipo de adicciones como drogas o alcohol. Sánchez Zaballos enumera algunos factores importantes que pueden hacer que las personas centren la mayor parte de su tiempo en redes sociales: una baja autoestima o bien estar pasando una situación conflictiva de pareja, estrés, un desengaño amoroso o dificultades en los estudios. En personas vulnerables existe el riesgo de crearse una identidad ficticia, sobre todo debido a un factor de engaño, autoengaño o fantasía.

“Desarrollar campañas de prevención del uso inadecuado de las redes sociales dirigidas a los padres y a los centros educativos donde los jóvenes pasan la mayor parte del tiempo, son dos de los elementos en los que más se incide para prevenir futuros problemas de adicción e uso inadecuado de las redes sociales”, indica la profesora de la UPSA.

El rango de edad en el que esta propensión a la adicción a internet es más peligrosa se sitúa entre los 15 y los 20 años, al igual que en el caso de la adicción a drogas, ya que el primer consumo de estas sustancias suele darse entre los 13 y 15 años.

Hay personas más vulnerables a un mal uso de las redes sociales. Estas redes están disponibles para casi todas las personas en las sociedades desarrolladas, pero solo una pequeña parte de la población presenta problemas de mal uso y abuso. En concreto, los adolescentes son el mayor grupo de riesgo. Su tendencia a buscar nuevas sensaciones y su mayor tasa de conexión a internet, junto con la mayor familiarización en las TIC, hacen que estos sean los principales afectados por la doble cara de la moneda de las redes sociales (beneficios y perjuicios de las mismas).

En algunos casos hay ciertas características y estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad, la inestabilidad emocional, la intolerancia a los estímulos displacenteros y la búsqueda exagerada de emociones fuertes.

Hay veces, sin embargo, “en que en la adicción subyace un problema de personalidad: timidez excesiva, falta de habilidades sociales en situaciones de interacción, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal. Otras veces se trata de personas que muestran una insatisfacción personal con su vida e intentan llenar esa carencia con un mundo no real o ficticio en redes sociales. La falta de cohesión familiar o déficit de relaciones sociales pueden incitar a una persona a compensar en el mundo virtual las carencias del mundo real. En estos casos, internet o las redes sociales actúan como apoyo ‘psicotecnológico’ de diferentes carencias socioemocionales”, explica Sánchez Zaballos.

¿Debemos ser más sinceros en la vida virtual?

Según Ubieto, es recomendable asumir los límites en lugar de tratar de estar escondiéndolos porque, tarde o temprano, uno debe afrontar esas insuficiencias. Además, mostrarse en dificultad anima más el deseo y el amor que mostrarse omnipotente. Nadie acaba creyéndoselo, ni el mismo que lo sostiene.

Para Sánchez Zaballos, los individuos deben aprender a integrar las redes sociales virtuales con las relaciones sociales reales. La riqueza de la comunicación interpersonal requiere de un contacto físico cara a cara. “Las relaciones ficticias, antes o después, acaban por derrumbarse. Los seres humanos somos animales sociales por naturaleza y, en muchos casos, nos sentimos en la obligación de devolver las acciones recibidas en redes. Ese mismo efecto lo podemos ver aplicado en Twitter, donde la gente utiliza la técnica de seguir masivamente a otros usuarios esperando que estos sin conocerles de nada les devuelvan la interacción”.

El número de likes o de seguidores es un factor fundamental de la autoestima en los usuarios de las redes sociales. Hoy en día, La popularidad de las personas en las redes sociales se transmite a la realidad obteniendo estos más poderes de influencia sobre los demás.

En general, aconseja la profesora de la UPSA, “debe de haber un acercamiento entre la vida real y la virtual para que exista un equilibrio cognitivo, emocional y conductual y desaparezca el efecto de disonancia que produce este tipo de acciones como la creación de perfiles falsos que, cuando se contrastan con la realidad, no son congruentes y terminan siendo efímeros. No podemos mantenernos siempre en un entorno virtual; a largo plazo generaría una serie de consecuencias en el individuo que se deberían de analizar para ver hasta qué punto le permiten desarrollar una vida plena y satisfactoria”.

Noticias relacionadas