Y por fin? llegó agosto

Paren máquinas, ha llegado el mes de cierre. Agosto, el octavo (su nombre se lo debemos a Octavio Augusto) el mes de las vacaciones, del ‘merecido descanso’ como dicen en todos los informativos de la tele. Tiempo para desconectar, pasear, dejar que el sol haga su trabajo sobre nuestro cuerpo y nos inyecte vitamina D. Tiempo de encuentros familiares, de escapadas a ‘hoteles con encanto’ o a remotas playas ‘de agua cristalina’? De acuerdo, está bien, son todo lugares comunes, tópicos que se emplean para hablar de un mes en el que la ‘tensión informativa’ no está en la política (ni siquiera este año). Así que acudimos, año tras año, a recordar qué hacer con los niños en este tiempo, a advertir sobre los extraños chollos de alquileres vacacionales que pueden ser un timo, a las recurrentes intoxicaciones alimentarias o, por supuesto, a esas grandes fiestas patronales, el único momento en todo el año en el que se habla del pueblo por lo original de su festejo. Aunque este año hemos añadido una nueva información. Este año se lleva, sobre todo, hablar del ‘estrés térmico’, vaya, lo que siempre ha sido la canícula del verano pero que ahora le hemos cambiado el nombre para que suene mejor.

Bueno, también es tendencia hablar de la ‘tecnología a pie de chiringuito’. En agosto nuestra adicción tecnológica nos permitirá seguir agachando la cabeza para que el smartphone, nuestro teléfono nos oriente sobre qué hacer cada día. Con toda una oferta de apps que nos facilitan la vida para que podamos realmente descansar. ‘Mayordomos virtuales’ con los que podemos pedir comida en el chiringuito más cercano para que nos lo acerquen a la misma orilla del agua. ‘Meteorólogos personales’ que nos informarán a primera hora de la mañana de la temperatura del agua y de la altura de las olas. Incluso el ‘médico en un chip’, el programa que nos advertirá sobre la incidencia que el sol y sus temidos rayos uva tienen sobre nuestra piel. Por no hablar de esa fantástica app que nos advierte de si hay medusas en el agua y de qué tipo son para que seamos conscientes de cómo debemos entrar en el agua. ¿Quién da más? Pues hay mucho más, para todos los gustos y necesidades.

En un mundo hiperconectado como el que vivimos, desconectar es cada vez más difícil. El teléfono móvil, que parecía iba a liberarnos de nuestras cadenas, simplemente las ha alargado, las ha hecho menos rígidas. Me sorprendió una de esas noticias de verano de la tele: hoteles en los que pagas un plus para que te ‘encierren’ el móvil. Es decir, no somos capaces de apagarlo y necesitamos que nos obliguen a prescindir de él. ¿Y cómo elegiremos restaurante si no tenemos tripadvisor? ¿Cómo sabremos qué películas hay en la cartelera? ¿Sobreviviremos sin leer los insultos en twitter? ¿Podremos renunciar a los miles de grupos de whatsapp y sus memes? Por no hablar de esas fantásticas fotografías que colgamos a diario en Instagram o Facebook con las que contar a nuestros amigos en las redes cómo estamos disfrutando de la desconexión estival. Pues aquí os dejo una reflexión. Dicen los expertos que distanciarse de ese aparato que llevamos entre manos beneficia a nuestro funcionamiento cardiovascular, mejora los niveles de presión arterial y la segregación de cortisol (hormona fundamental para la actividad de nuestro organismo).

Acordémonos mientras podamos del placer de descansar, de no saber en qué día de la semana vives, de desconectar el despertador durante un mes. De bajar temprano a comprar el periódico para compartirlo con el café de la mañana y la cerveza del mediodía. De guardar en la mochila el libro que te aconsejó tu compañero. De conversar en la terraza con tu familia una vez que ha caído el sol y ya no hace tanto calor. Recuperemos el placer de estar, de mirar para aprender, de escuchar para callar. Algunos cambios para que todo siga igual. Porque por fin ha llegado agosto.

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